
Cambié de barrio, borré su teléfono, le bloqueé en el Messenger y en el facebook.
Cambié de amigos, de trabajo y no contesté a ninguna de sus llamadas.
Cambié de imagen, de forma de vestir y el color de mi pelo.
Me operé la cara, engordé 40 kilos y me fui a vivir a una casa de campo en Nueva Zelanda.
Aún me sigue preguntando, cuando nos cruzamos por azar, por qué no quiero ser su amiga.
Y te lo seguiré preguntando.
ResponderEliminarHay mucho cansino.
ResponderEliminar